Hijo de Ciro y Entonada, fue el fruto de un amor repentino a la orilla del río Atake en la cuidad de Rocklandea.
Una tarde, luego de recoger setenta y siete frutos para la cena de su aniversario, Cirento no supo comprender lo que sintió, fue inconmensurable para su persona.
Era su madre, esa que lo había alumbrado promulgando su amor perpetuo hacia él y hacia su padre.
Una tarde, luego de recoger setenta y siete frutos para la cena de su aniversario, Cirento no supo comprender lo que sintió, fue inconmensurable para su persona.
Era su madre, esa que lo había alumbrado promulgando su amor perpetuo hacia él y hacia su padre.
Cirento creía en sus palabras, mas su mirada profunda lo estaba engañando. Un impulso repugnante invadió su ser puro y como un eco desde lo mas alto de las montañas creyó escuchar una voz paternal que aullaba de tristeza un “házlo por miii hijoooooooooooooooo”
Fue esa tarde de frío invierno, que sepultó el amor que guardaba en su corazón y mirando a los ojos a su progenitora, genero en ella un dolor inmenso, robándole el sentido de la vista. Dos días más tarde Entonada se ahorco con una cuerda.
Cuenta la Leyenda que desde entonces, Cirento es el Dios de la fidelidad, y cualquiera que ose de corromper los caminos de la buena conducta, evocara al eco mágico de la montaña quedando ciego de por vida.